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Jugar en la adolescencia y la vida adulta: la partida continúa

22 de octubre de 2026 por
Jugar en la adolescencia y la vida adulta: la partida continúa
Juguetería Mukkies, Evelyn Betancort Súarez
| Sin comentarios aún

Hay una escena que quizá te resulte familiar: alguien propone sacar un juego y otra persona responde «yo ya no tengo edad para eso». Diez minutos después está pidiendo la revancha y vigilando que nadie se salte un turno.

Jugar en la adolescencia y la vida adulta puede ser una forma de compartir tiempo, disfrutar de un reto o hacer algo distinto al terminar el día. No hace falta justificar cada partida con una lección ni tener experiencia para empezar.

La clave está en encontrar una propuesta que apetezca a quienes van a participar. Porque cumplir años cambia nuestros intereses, pero no nos obliga a guardar las ganas de jugar en una caja.

En la adolescencia, contar con su opinión es parte del juego

Si quieres proponer una partida a un adolescente, empieza por sus gustos. ¿Prefiere resolver un misterio, competir, inventar historias o colaborar para alcanzar un objetivo? La edad orienta, pero no responde a esas preguntas.

En lugar de presentar el plan como «una actividad que te viene bien», prueba con algo concreto: «¿Te apetece un reto de veinte minutos?». Es una invitación más clara y deja espacio para decidir.

También conviene que participe en la elección. Puedes ofrecer dos opciones y acordar cuánto tiempo vais a dedicar. Si hoy no le apetece, no hace falta convertirlo en una negociación diplomática.

Durante la partida, evita corregir cada decisión o aprovechar cualquier movimiento para dar una lección. Permite que pruebe estrategias, se equivoque y encuentre su propia manera de jugar. Y, si conoce mejor las reglas, deja que te las explique. Cambiar de papel también forma parte del plan.

Jugar de adulto: un rato que no necesita ser productivo

Entre trabajo, compras y tareas pendientes, el ocio puede acabar ocupando el hueco que sobra. Y a veces no sobra demasiado.

Una partida ofrece un plan concreto: sentarse, aceptar unas reglas y dedicar un rato a resolver un desafío, construir algo o intentar ganar. Puede ser en pareja, con amistades, en familia o en solitario.

No necesitas organizar una gran noche de juegos. Puedes empezar con una propuesta breve después de cenar o reservar un rato el fin de semana. Si os apetece repetir, ya habrá ocasión de ampliar.

Tampoco tienes que elegir algo complicado para que sea «de adultos». Un juego de reglas sencillas puede plantear decisiones interesantes. La dificultad no es una prueba de madurez, y el manual más largo no se lleva un premio.

Qué ocurre durante una partida

Según sus reglas, un juego puede pedirte que recuerdes información, compares alternativas, expliques una idea o negocies con otras personas. En una propuesta cooperativa, por ejemplo, quizá tengáis que acordar qué hacer con unos recursos compartidos; en una de deducción, relacionar pistas y descartar posibilidades.

Estas acciones describen lo que haces mientras juegas. No permiten afirmar, por sí solas, que vas a mejorar tus notas, tu memoria cotidiana o tu bienestar emocional.

La investigación también exige prudencia. Una revisión sistemática y metaanálisis publicada en Applied Psychology: Health and Well-Being concluye que la evidencia disponible todavía no permite recomendar con firmeza los juegos de mesa para mejorar las funciones ejecutivas, como la memoria de trabajo o la capacidad de frenar respuestas impulsivas.

Para proponer una partida no necesitas prometer ninguno de esos resultados. Disfrutar del reto y querer repetir ya son motivos suficientes.

Cómo elegir una propuesta que encaje

Antes de fijarte en una portada, piensa en la situación en la que vais a jugar:

  • Tiempo real disponible. Cuenta también la explicación y la preparación. Si tenéis media hora, interesa que la partida quepa sin prisas.
  • Número de participantes. Comprueba para cuántas personas está pensado el juego y qué modalidades incluye.
  • Experiencia del grupo. Si alguien empieza, busca una explicación manejable y acompaña los primeros turnos sin decidir por esa persona.
  • Tipo de interacción. Pregunta si apetece competir, cooperar o resolver algo cada cual a su ritmo.
  • Exigencias de la propuesta. Valora el tamaño de la letra, la dependencia del color, el idioma o la necesidad de responder con rapidez.

La edad recomendada es otro dato que revisar, junto con los intereses y las necesidades de quienes participan. Dos personas de la misma edad pueden querer experiencias muy distintas.

Adolescentes y adultos en la misma mesa

Para compartir una partida no hace falta que todo el mundo sepa lo mismo. Sí ayuda que las reglas estén claras y que nadie tenga que soportar bromas a su costa.

Si elegís una propuesta cooperativa, procurad que una sola persona no dirija todos los movimientos. Puedes preguntar «¿qué opciones ves?» antes de dar tu solución. Si competís, acordad desde el principio cómo resolver las dudas y consultad las reglas cuando haga falta.

También conviene cuidar las expectativas. Una partida no tiene que arreglar una conversación pendiente ni terminar con una foto de familia sonriente. A veces será divertida; otras, descubriréis que ese juego no encaja. Esa información sirve para elegir mejor la próxima vez.

Una propuesta sencilla para empezar

Te proponemos un primer encuentro sin grandes preparativos: elegid entre todos una opción, reservad un rato que os venga bien y dejad margen para explicar las reglas.

Al terminar, preguntad qué os ha gustado y qué cambiaríais: ¿otra duración, menos competición, un reto diferente? No hay obligación de repetir la misma fórmula.

Mukkies crece contigo: juegos para más etapas de la vida

En Mukkies estamos ampliando nuestro catálogo de juegos para adolescentes y adultos, porque las ganas de jugar no terminan con la infancia. Junto a las propuestas para los más pequeños, hacemos sitio a quienes buscan un reto propio o un plan para compartir con amigos, en pareja o entre generaciones.

Puedes explorar nuestra selección de juegos para adolescentes y adultos y elegir según tus intereses y tu forma de jugar. Nuestro «Jugamos juntos» también va de eso: acompañarte en distintas etapas de la vida.

Si hace tiempo que no juegas, puedes empezar por una pregunta muy sencilla: «¿A qué te apetece jugar?».

Lo de la revancha ya se decidirá después.

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